Las lluvias que acompañaron la campaña de cereales de invierno en Andalucía han tenido un efecto paradójico: mientras frenaron la expansión de plagas y mantuvieron la sanidad vegetal en niveles excepcionales, el exceso de precipitaciones ha comprometido la calidad del grano y reducido la superficie cultivada. Así lo recoge el balance de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF), que ha publicado sus recomendaciones de Gestión Integrada de Plagas (GIP) para el cierre de campaña.

El año de las borrascas
La campaña 2025/2026 ha estado marcada por once episodios borrascosos que condicionaron el desarrollo del cultivo desde la siembra. La presión de Mayetiola destructor —el mosquito del trigo— fue mínima incluso en zonas históricamente afectadas, y no se detectaron incidencias relevantes de septoria, royas ni helmintosporiosis en las siembras tempranas. Las heladas invernales actuaron como factor complementario en el control natural del insecto.
La situación fue distinta en las parcelas sembradas en enero. Las siembras tardías mostraron mayor vulnerabilidad, con focos de roya negra en Córdoba y roya parda en áreas de Sevilla y Cádiz.
El precio del agua
El mismo régimen de borrascas que limitó las plagas generó encharcamientos y asfixia radicular en zonas de baja altitud o con drenaje deficiente, con aparición de podredumbres de raíces.
Sobre la cosecha, el balance confirma una reducción de la superficie cultivada, motivada en parte por la imposibilidad de sembrar en las ventanas óptimas. En cuanto a la calidad, el exceso de lluvias provocó el lavado del nitrógeno aplicado en los abonados de cobertera, lo que podría traducirse en niveles de proteína inferiores a la media. El peso específico del grano quedará condicionado por el estrés sufrido durante la maduración.
Las labores de recolección, iniciadas de forma generalizada el 22 de mayo, han avanzado con rapidez gracias al ascenso térmico registrado desde mediados de ese mes.
De cara a la próxima siembra
La RAIF aprovecha el cierre de campaña para trasladar una serie de recomendaciones orientadas a la planificación de la próxima. Entre ellas, priorizar la identificación de parcelas con problemas de drenaje para programar labores correctivas como el subsolado, favorecer una descomposición homogénea de rastrojos para reducir el inóculo fúngico y la supervivencia de larvas de Mayetiola, y seleccionar variedades con tolerancia a royas en las zonas donde se han detectado focos en siembras tardías.
El organismo también recomienda mantener la ventana de siembra temprana —finales de noviembre o principios de diciembre— como opción preferente para reducir riesgos sanitarios, ajustar la recolección a niveles de humedad del grano de entre el 12 y el 14 % conforme a la normativa de Producción Integrada, y registrar en el cuaderno de explotación todas las incidencias de plagas, enfermedades y daños climáticos para mejorar la toma de decisiones en 2026/2027.






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