Castilla y León es la principal región cerealista de España, por lo que cualquier ajuste en su superficie de siembra repercute directamente en el conjunto del sector. Los datos de superficies PAC 2026, publicados ayer, confirman una tendencia que la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE) lleva meses señalando: la superficie dedicada a los principales cereales de la región ha caído un 14,5% desde 2020, al pasar de 2,09 millones de hectáreas a 1,79 millones en la campaña 2026. Solo entre 2025 y 2026, el retroceso ha sido del 11,1%.

A esta reducción de superficie se suma, en la presente campaña, un desarrollo agronómico muy exigente que ha dejado rendimientos claramente desiguales según provincias, comarcas e incluso parcelas. Según el seguimiento de campo realizado por los asociados de ACCOE, el descenso de producción respecto a la campaña anterior es generalizado en toda la comunidad y se mueve, según la zona, entre el 40% y el 50%.
Del norte al sur, un mapa desigual
En Soria, con la cosecha realizada en torno al 85%, el rendimiento medio se sitúa cerca de 3 t/ha en trigo y 2,7 t/ha en cebada, con pesos específicos muy desiguales según la época de siembra y el abonado. En Burgos, donde solo resta por finalizar la recolección en las zonas más al norte, los rendimientos oscilan entre 2.000 y 4.000 kg/ha en cebada y entre 3.000 y 5.000 kg/ha en trigo, con calidades igualmente dispares.
En Palencia, con la cosecha prácticamente finalizada salvo parcelas testimoniales en altitud, el rendimiento medio ronda los 3.000 kg/ha, muy por debajo de la excelente campaña de 2025, con calibres y pesos específicos de trigo por debajo de lo habitual y una cebada algo más homogénea. Valladolid, también con la recolección casi concluida, arroja resultados de entre 2,5 y 6 t/ha tanto en cebada como en trigo, en línea con la estimación que ya se manejaba en junio. En Segovia, Salamanca, Zamora y Ávila la recolección, muy avanzada, confirma rendimientos menores de lo esperado, con parte de la superficie habitual sin cosechar este año. En León, donde la actividad se concentra ya en la mitad norte, los rendimientos dispares se sostienen gracias al regadío, con trigos de buena proteína y cebadas de buen peso específico.
Un mercado tensionado por la incertidumbre
Al resultado agronómico se suma un contexto comercial complicado, con caída de la producción mundial y precios extremadamente volátiles por la incertidumbre geopolítica. En este escenario, José Manuel Álvarez, secretario general de ACCOE, subraya el papel esencial de comerciantes y almacenistas: «El cereal no llega a las fábricas de pienso, a las harineras o a las industrias alimentarias únicamente porque se produzca. Detrás existe una red de empresas que lo almacena, lo acondiciona, lo financia, lo transporta y garantiza el suministro durante todo el año, incluso en campañas difíciles como la actual».
Desde la asociación se añade que, cuando la producción baja tanto, resulta más necesario que nunca que todos los eslabones de la cadena, desde el agricultor hasta la industria, puedan operar con rentabilidad, ya que el comerciante de cereal no es un intermediario prescindible, sino la pieza que, asumiendo riesgos, permite la comercialización ordenada de las cosechas y contribuye a mantener la actividad económica y el empleo en el medio rural.
ACCOE hace un llamamiento a las administraciones y al conjunto del sector para favorecer unas condiciones que permitan mantener la viabilidad económica de toda la cadena, y pone en valor el compromiso de sus empresas asociadas para garantizar el abastecimiento y la comercialización del cereal en Castilla y León.







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