La azucarera chilena Iansa anunció en mayo que dejaría de comprar remolacha para la campaña 2026-2027 y orientaría la producción de su planta de San Carlos (Ñuble) al refinado de azúcar cruda importada y manteniendo otras líneas industriales vinculadas a endulzantes líquidos.

Esta decisión ha dejado en una situación crítica a unos 400 productores de la región de Ñuble, que han rechazado las alternativas de reconversión propuestas por el Gobierno, según ha informado la Federación Nacional de Remolacheros (Fenare).
El cierre de la planta de San Carlos, tras siete décadas de actividad, afectará a cerca de 8.000 hectáreas de cultivo. La compañía, que llegó a operar cinco instalaciones y abarcar más de 60.000 hectáreas en todo el país, orientará ahora su modelo de negocio exclusivamente a la materia prima externa.
Ante este escenario, los agricultores solicitaron ayudas directas al Ejecutivo para compensar las pérdidas derivadas del cese de actividad, una petición que ha sido descartada. En su lugar, la administración ofreció líneas de crédito a través de BancoEstado con una tasa mensual del 0,89 %. El sector ha desestimado la medida al considerar que las condiciones son más estrictas y costosas que las del mercado privado, donde las entidades bancarias ofrecen tasas de hasta el 0,6 %.
El descontento de los productores se ha visto agravado por el contexto político, ya que el sector asegura que esperaba un mayor respaldo gubernamental frente a esta crisis, dado el alto porcentaje de apoyo electoral que el actual presidente obtuvo en la región de Ñuble en los últimos comicios.
El pasado viernes, el Ministerio de Agricultura reunió a los afectados con diversas empresas agroalimentarias para plantear una transición de los campos hacia cereales, legumbres y hortalizas industriales. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por el colectivo productor debido a la drástica caída de ingresos que supondría este cambio de modelo.
La Asociación de Remolacheros de Ñuble cuantificó la inviabilidad económica de la propuesta, detallando la diferencia de rentabilidad entre los cultivos: mientras que una hectárea de trigo genera unos ingresos de 400.000 pesos chilenos (aproximadamente 400 €), una hectárea de remolacha alcanza los 1,2 millones de pesos (unos 1.200 €). Ante esta desproporción económica, desde la asociación afirman sentirse abandonados por las instituciones.







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