El ministro de Agricultura, Luis Planas, ha presidido hoy el acto conmemorativo del cuarenta aniversario de la incorporación de España a la Política Agraria Común, celebrado en el Ministerio. En su intervención, ha trazado un recorrido por cuatro décadas de transformación agraria y ha fijado las líneas rojas de España ante la próxima negociación del marco financiero plurianual, sin ocultar su disgusto por la propuesta de la Comisión Europea presentada en julio del año pasado.

De los silos de trigo a los lineales más exigentes del mundo
El ministro ha arrancado su discurso con los temores que acompañaban la adhesión en enero de 1986: que el IVA hundiría la economía y que las naranjas marroquíes invadirían el mercado. Ninguno se cumplió. Lo que vino después, según Planas, fue cuarenta años de transformación que convirtieron a España en una potencia agroalimentaria difícil de reconocer en las estadísticas de entonces. En 1986 España era el octavo exportador agroalimentario entre los doce miembros de las Comunidades Europeas. Hoy es el cuarto de los veintisiete y el séptimo del mundo, con más de 78.000 M€ en exportaciones y un saldo positivo de 18.300 M€. La balanza agroalimentaria, que aún era negativa hace veinticinco años, genera ahora un superávit tal que, en palabras del ministro, «prácticamente exportamos tanto como producimos para el consumo propio». La renta agraria casi se ha duplicado en términos reales desde 1990, la industria agroalimentaria ha multiplicado por ocho su facturación y la PAC ha pasado de representar entre un 30 y un 35% de los ingresos de una explotación a no superar el 17%, no por reducción de fondos, ha subrayado Planas, sino porque «la capacidad competitiva del sector ha permitido ampliar los ingresos del mercado».
El aniversario también ha servido al ministro para un inciso personal: Planas ha cumplido esta semana ocho años al frente del Ministerio de Agricultura, coincidencia que ha señalado con satisfacción ante el auditorio.
Tres líneas rojas para la nueva PAC
La segunda mitad del discurso ha sido más combativa. Planas ha advertido de que la propuesta de la Comisión Europea del 16 de julio del año pasado no cuenta con el respaldo español y ha resumido la posición del Gobierno en tres exigencias: que los fondos del próximo periodo sean como mínimo equivalentes a los actuales —frente a lo que ha cifrado en una reducción de alrededor del 20%—, que la PAC mantenga su identidad como instrumento jurídico diferenciado y no se diluya en los tres fondos que plantea Bruselas, y que no se avance hacia la renacionalización de políticas hasta ahora comunitarias. En este último punto ha sido especialmente directo al rechazar la cofinanciación nacional del 30% propuesta para las organizaciones de productores de frutas y hortalizas y para la intervención sectorial del vino: «Si son realmente políticas comunitarias, debemos mantenerlas como comunitarias». Permitir que cada Estado decida cuánto poner sobre el vino, el trigo o las frutas y hortalizas, ha argumentado, «haría lo contrario de lo que proponen los informes Draghi o Letta: no reforzaríamos el mercado interior, sino que lo pondríamos en tela de juicio».
Frente a quienes cuestionan la vigencia de la PAC, el ministro ha recurrido a los cinco objetivos del Tratado de Roma —incremento de la productividad, nivel de vida equitativo para los agricultores, estabilización de mercados, garantía de abastecimiento y precios razonables al consumidor— para argumentar que «parecen haber sido redactados hoy». Y ha ido más allá al rebatir la crítica de que supone el 30% del presupuesto comunitario: «De ese treinta por ciento comemos y bebemos todos los europeos». La PAC, ha concluido, «no es vieja, es tradicional, pero igualmente necesaria que en 1957».
Lo que queda por hacer
El ministro ha desgranado también los frentes abiertos de cara al futuro: la incorporación de jóvenes agricultores y ganaderas —con medidas de discriminación positiva ya incorporadas en el plan estratégico español—, la simplificación burocrática, la gestión del riesgo mediante los seguros agrarios, y la apuesta por las nuevas técnicas de edición genómica, cuya defensa en Bruselas le ha valido, según ha reconocido, el apodo de «apóstol de las NGT». En materia de innovación, ha apuntado también a la inteligencia artificial como oportunidad para el sector, no como amenaza, tras participar junto al presidente del Gobierno en la Cumbre de IA celebrada en Delhi, donde el sector agroalimentario fue uno de los tres grandes ejes de debate.
Planas ha cerrado su intervención con un mensaje que resume, a su juicio, cuarenta años de política agraria común: «Lo hemos hecho bien, lo estamos haciendo bien y vamos a continuar haciéndolo bien».







Las naranjas marroquíes y las egipcias también,los cereales ucranianos, el cordero francés un largo etc..si que han invadido los lineales,el que es valenciano que pregunte a sus paisanos,