Mi suegra, vieja conocida de todos mis seguidores, tiene un refrán, ¡Que poco dura la alegría en casa del pobre!, que me viene como anillo al dedo para ilustrar a aquellos seguidores más alejados del sector productor, lo que está ocurriendo en el sector lácteo estatal.

Comienzo recordando que, allá por el año 2021, el sector productor de leche de vaca andaba asfixiado, con la lengua fuera, con el pienso y los forrajes por las nubes, la electricidad que daba calambrazos y, ens tesitura, tampoco había que ser un pitagorín para adivinar que las ganaderías entraron en pérdidas, más de lo normal, y optaron por cortar por lo sano, enviando al matadero toda aquella vaca poco productiva, dado que su gasto alimentario superaba ampliamente lo obtenido por su leche producida. Pocos miramientos, que la cosa no estaba para bromas, y el ganadero tenía que optar quién iba al matadero, o la vaca o él.
El envío de miles de vacas al matadero, la reducción de la ración de las vacas supervivientes y el recorte en las compras de novillas de otras cuadras conllevó un fuerte recorte en la producción y tanto es así que aquello tuvo su lógica consecuencia en los lineales donde comenzó a escasear la leche. Esta escasez, en estos tiempos de abundancia plena y teóricamente asegurada, alarmó a los consumidores y por ello, bastó que unos cuantos consumidores subiesen unas imágenes de los lineales vacíos a las redes sociales para que, como es lógico también, los gabinetes de prensa de las diferentes cadenas de distribución, salieron en tromba a negar lo evidente. Mientras, por lo bajini, los responsables del departamento de compras de dichas cadenas, corrieron hasta sus proveedores para asegurarse que no les faltase leche en los lineales y transmitiendo a los ganaderos, esa frasecita aznariana de, el que pueda hacer, que haga.
El resultado es por todos conocido. Las cadenas de distribución elevaron su precio de venta al público, PVP, y con ello, se dotó al conjunto del oxigeno necesario para que todos los eslabones pudiesen respirar, por consiguiente, las industrias abonaron más por la leche recogida en las explotaciones y finalmente, los ganaderos pudieron pagar los altos precios de sus inputs, principalmente alimentación animal, sin verse obligados a eliminar más animales. Se volvió a subir la ración por vaca y consecuentemente, subieron los litros producidos por vaca.
Esto que dicho así resulta tan básico y sencillo de entender, creíamos que la gente que compra la leche de las ganaderías lo habían entendido y, es más, que lo habían interiorizado, pero unos pocos años después, nos hemos caído del guindo al ver que la cosa no era tal y que los que compran la leche, halagaban los oídos de los ganaderos con el único objetivo de hacerse con su leche e intentando lograr una relación de confianza y fidelidad de los ganaderos hacia el comprador.
Pues bien, en la actualidad, nos encontramos con que el huracán de bajadas iniciado en Galicia, con un viento propio del Atlántico ha alcanzado el conjunto del país y así, teniendo en cuenta los informes oficiales del FEGA, entidad del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, nos vemos en la tesitura de que el precio medio estatal al cierre del año 2025 era de 0,542 euros/litro y que cuatro meses más tarde, en abril del 2026, el precio medio estatal está en 0,489, ósea, 5 céntimos por debajo. Si tenemos en cuenta que la bajada en algunas zonas como Euskadi ha llegado más tarde, en los dos últimos meses unos 7 céntimos de bajada, no es arriesgado preveer que la bajada, media, es bastante superior a la que indica el último informe oficial ministerial. Aún así, deberemos esperar hasta los siguientes informes para confirmar si es cierto lo que intuimos haciendo caso a nuestras pituitarias.
En estos últimos años, el sector productor ha desaparecido de la escena pública, sin tractoradas por malos precios, dedicándose a lo que tienen que hacer, producir leche y cuidar su cabaña ganadera, lo que saben hacer, y estos años de buenos precios han sido aprovechados por los ganaderos para realizar infinidad de inversiones, mejora de instalaciones, renovación de salas de ordeño o puesta en marcha del robot de ordeño, compra de tractores y demás maquinaria, etc., todo con el único objetivo de no quedarse desfasado y tener la explotación a punto para seguir produciendo la leche de mejor calidad para la población.
Incluso, aunque pocos, los hay que han visto cómo sus hijos o hijas, animados por las perspectivas económicas del momento, se han decidido tomar las riendas del negocio de sus padres y aprovechado, la incorporación de los jóvenes, para realizar las mejoras antes mencionadas.
Ahora bien, vuelvo a recurrir a mi suegra, mejor dicho, a su inteligencia natural (nada de artificial), dado que los ganaderos observan, entre escépticos y cabreados, como aquellos que hace unos pocos años les doraban la píldora, ahora, les dan una mil y una explicaciones para justificar una bajada injustificable y les arrebatan, la esperanza de un mejor futuro que habían interiorizado en estos pocos años previos.
Si algunos, bien sean los mandamases de la distribución bien sean los mandamases de las industrias, creen que es posible dotar de un horizonte de futuro a la ganadería de leche con un sector subido a una montaña rusa, con constantes subidas y bajadas, repleto de prolongadas bajadas intercaladas por breves subidas, como digo, si lo creen, tienen una magnífica oportunidad, que compren las ganaderías que cientos de ganaderos les venderán inmediatamente y pongan al frente de dichos negocios, fantásticos según sus palabras (mejor dicho, sus hechos), a sus hijos e hijas.
Lo digo con todo el dolor del mundo, entre unos y otros, entre distribución e industria, están robando el poco halo de esperanza que hay en el sector lácteo, de seguir así, se lo cargarán y la reacción, si llegase, llegará demasiado tarde. Los ganaderos actuales, la mayoría en torno a los 55 años, comenzarán a pensar en su retirada y los jóvenes de la explotación, espantados por las bajadas y el continuo sube y baja, fijarán su mirada y proyecto de futuro fuera de las cercas de la explotación.
Si de verdad, distribución e industria, quieren mantener, y fortalecer, el sector productor lechero, ya saben lo que tienen que hacer, recuperar el precio hasta los niveles de dignidad que la actividad merece y dotarles de estabilidad para que, principalmente, los más jóvenes, puedan planificar su vida familiar y laboral. Sin precios dignos y estabilidad, ambos a la vez, no hay nada que hacer. Ya sabe, acuérdense de Aznar, el que pueda hacer ,que haga.


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