Pioneer ha cerrado la celebración de su centenario con un fórum técnico en Torres de Alcanadre (Huesca), al que acudieron el pasado 16 de septiembre más de 250 agricultores de maíz del valle del Ebro. Aprovechando la jornada, Agrodigital conversó con Víctor Hernández, responsable de Pioneer en España; Alicia Sanz, directora de Marketing de la compañía, y Francesc Tribó, jefe de producto de maíz, sobre lo que han supuesto estos cien años, cómo ha cambiado la mejora genética y qué esperan de las nuevas técnicas genómicas.
¿Qué han significado estos cien años de Pioneer para el agricultor español?
Alicia Sanz: Un apoyo y una ayuda constante en la mejora de la rentabilidad de sus explotaciones. Año tras año le ayudamos a mejorar la genética con el lanzamiento de nuevos híbridos: más producción, más tolerancia a las distintas enfermedades y, sobre todo, una mejor adaptación al estrés hídrico. Y además, con el servicio agronómico, le ayudamos a sacar el máximo potencial de cada una de sus explotaciones.

¿Cómo se cuenta una historia de cien años sin que suene solo a nostalgia?
Alicia Sanz: Somos una empresa con mucha experiencia, con más de cien años a la espalda, con un pasado muy glorioso pero con un futuro aún mejor. Creo que nos sentimos jóvenes. Estamos desarrollando las tecnologías más punteras del mercado, no solo en genética, que es nuestra matriz, sino también en herramientas digitales y en tratamientos de semilla, para poder maximizar el potencial de cada uno de los híbridos.
Si hay que quedarse con los hitos que más han marcado la historia de la compañía, ¿cuáles son?
Víctor Hernández: El primero, sin duda, la aparición de los primeros híbridos en el mercado americano, que revolucionaron la producción: pasaron de menos de una tonelada a doblar las producciones esperadas, incluso a triplicarlas, y empezaron a ganar todos los concursos de producción que había en Estados Unidos. Después, la creación de un banco de germoplasma propio, que permitía hacer muchísimos cruces y aumentar la velocidad de la mejora. Otro hito muy importante fue empezar a contactar directamente con los agricultores, para darles a conocer la tecnología y el conocimiento y entender cuáles eran sus necesidades. Esa proximidad es lo que ha hecho que el agricultor tenga un compromiso tan fuerte con la marca.
Y luego ha habido saltos de producción muy importantes con determinados híbridos, como Cecilia, que fue el híbrido más vendido del mundo durante bastantes años. Son saltos que se dan cada ocho o diez años, que marcan el mercado y que resuelven problemas de rentabilidad cada vez más difíciles, porque los costes suben y hace falta producir más. A eso se suma la llegada de los híbridos resistentes a taladro y de otros transgénicos que se usan a nivel mundial, como los resistentes a herbicidas.
¿Cómo se hacía un híbrido al principio, y cómo se hace ahora?
Víctor Hernández: La base es que ya no se busca que la planta se autopolinice para reproducir la misma planta, sino juntar dos plantas distintas, una que hace de macho y otra de hembra, para obtener un producto mejor que los anteriores. Al principio se hacía a mano: se cortaban las partes masculinas de las plantas femeninas para que no se autopolinizaran y se llevaba el polen de las masculinas a las femeninas, buscando la máxima pureza. Lo importante era mantener puros los parentales.
Era todo visual y muy lento. Se hacían muchos cruzamientos entre distintas líneas puras, se sembraba el híbrido y, al ver crecer la planta, se decidía si interesaba o no: si producía más o menos, si era más alta o más baja. Con el tiempo se fue entendiendo qué cruces daban mejores resultados en producción o en tolerancia a enfermedades, y el banco genético creció tanto que ya era imposible manejarlo a mano. Entraron los primeros ordenadores para guardar toda esa información y descartar parentales, y hoy la informática nos permite hacer predicciones, casi con inteligencia artificial, de cómo van a salir los cruzamientos, y así hacer muchos más.

¿Qué herramientas han acelerado más ese proceso?
Víctor Hernández: El trazado genético. Sabemos cuáles son los grupos de genes que queremos que tengan las plantas, así que se toman muestras, se analizan, y la planta que no los tiene se descarta directamente. Eso acelera muchísimo la mejora.
Europa solo permite sembrar un transgénico: el maíz resistente a taladro. ¿Qué peso tiene?
Víctor Hernández: En Europa los eventos transgénicos no están permitidos, salvo el de resistencia a taladro, que viene a solucionar un problema muy importante en algunas zonas, y en España en particular. Pero en conjunto estamos un poco cojos respecto a cómo ha evolucionado el uso de transgénicos y de nuevas tecnologías en maíz, e incluso en otros cultivos a nivel global. Y en transgénicos no espero que cambie nada.
¿Pueden cambiar las cosas las nuevas técnicas genómicas?
Víctor Hernández: Ahí sí hay una oportunidad. Las nuevas técnicas genómicas se están autorizando en Europa, se ha empezado el proceso, y distinguen dos tipos. Las primeras que van a llegar son las que introducen mejoras para tolerar plagas, sequía o enfermedades, adaptarse mejor al medio, producir más o mejorar determinadas características del grano o de la planta. En otros países ya se están usando, por ejemplo, para convertir maíces convencionales en waxy o con un contenido de almidón distinto, o para dar tolerancia a enfermedades que allí son muy importantes. En este caso, entendemos que Europa sí va a estar en la línea de lo que se haga a nivel global, y vamos a poder ser competitivos.
¿Qué expectativas tiene la compañía puestas en ellas?
Alicia Sanz: Para nosotros, las NTG son una ilusión. Es poder estar al mismo nivel que el resto de los países, o al menos intentarlo. Y en cuanto al consumidor, esperemos que no las demonicen como se ha demonizado sin sentido a los transgénicos, sino que se les explique que, al final, es una mejora convencional, solo que conseguida de forma más rápida, porque es una selección dirigida.
En la parcela de ensayo había sembrada Juanita, una variedad que ya no está en catálogo. ¿Por qué?
Francesc Tribó: Queríamos que se viera la evolución de la genética que hemos aportado en estos años, así que conseguimos un poco de semilla de variedades míticas de la zona, como Juanita. Fue una variedad muy importante a nivel nacional, pero sobre todo en el valle del Ebro y en la provincia de Huesca, y muchos de los agricultores presentes todavía la recuerdan con cierta nostalgia. El objetivo no es recomendarla, porque ya no la tenemos, sino que vean cómo han evolucionado las variedades desde los años ochenta hasta el catálogo que ofrecemos para la próxima campaña.

Pioneer debe su nombre a haber sido la primera en comercializar semilla híbrida. ¿En qué sigue siendo pionera hoy?
Francesc Tribó: Hoy seguimos siendo pioneros, como lo fuimos a principios de este siglo con la red de asesores agronómicos, que sigue vigente. La idea es que no se trata solo de aportar un producto al cliente, sino un servicio asociado a ese producto. Desde el punto de vista técnico, tenemos una red de asesores que no solo están al lado del agricultor a la hora de elegir las variedades, sino también a la hora de sacarles el mayor partido una vez sembradas.
¿Qué aporta una jornada como esta que no se consiga por otros canales?
Alicia Sanz: Al final, el agricultor es el centro de todo el desarrollo agronómico; sin el agricultor no somos nada. Todavía no hemos tenido ocasión de preguntarles su opinión tras esta serie de eventos, pero en general lo agradecen mucho. No solo por estar con amigos y conocidos del mundo del maíz, sino también por aprender nuevas formas de cultivar o conocer híbridos que quizá no se siembran en su zona. Creo que es muy positivo que sigamos haciendo este tipo de encuentros y sigamos celebrando juntos.







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