Las autoridades griegas comunicaron oficialmente el 9 de septiembre la primera detección en el país de Diaphorina citri, el psílido asiático que transmite el HLB o Citrus greening, la enfermedad más devastadora de los cítricos. El insecto, el vector más eficiente en la transmisión de la bacteria, había sido capturado en agosto en trampas colocadas en un huerto de naranjos de la isla de Rodas, y su identificación ha sido confirmada por el laboratorio oficial griego. La zona mediterránea es hoy la única gran región citrícola del planeta libre de la enfermedad, un panorama que esta detección pone en riesgo, según el Comité de Gestión de Cítricos (CGC).

Es la tercera confirmación de esta plaga, que además de portar el patógeno es en sí misma una amenaza, en el Mediterráneo oriental. Antes fue localizada en Israel, en 2021, donde sigue presente, y en Chipre, en 2023, ya en territorio de la UE. Para el CGC es quizá el hallazgo más amenazante: Rodas, pese a ser territorio griego, se encuentra a 18 km del litoral turco y, algo más al interior, está la zona de Muğla, con más de 10.000 ha de cítricos.
Para evitar que el insecto llegue a Turquía, el CGC, la asociación que agrupa a los exportadores privados de agrios, reclama a las autoridades comunitarias que insten a Grecia y a Turquía a monitorizar su territorio en su búsqueda. Pide también que la UE redoble los controles a las importaciones turcas y, sobre todo, al material vegetal que pudiera llegar desde ese país o desde Grecia. Turquía es el tercer proveedor no comunitario de cítricos de la UE, con en torno al 11% y unas 250.000 t, fundamentalmente de mandarinas y limones, mientras que Grecia es el tercer productor europeo, tras España e Italia.
Del Algarve a Chipre, el papel clave del IVIA
El CGC atribuye al Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) un papel clave en el control de los vectores del HLB. Su actuación, en colaboración con las autoridades portuguesas, fue determinante para contener a la Trioza erytreae, el llamado psílido africano, un vector menos eficiente y peligroso que llegó a situarse en el Algarve, a solo 400 km de las zonas citrícolas de Huelva. En los últimos años, el instituto, de la mano de la Universidad de California, ha contribuido además a mantener a raya el avance de D. citri en Chipre, donde su población se ha reducido al mínimo. En ambos casos, señala el CGC, los sistemas de lucha biológica implantados por el centro sobre el terreno han permitido controlar a los dos vectores.

Con ese precedente, el CGC reclama al Gobierno que “en caso de detectar alguno de estos insectos en España, se resuelva de inmediato la solicitud y se permita la suelta de los parasitoides que han tenido tanto éxito en ambos lugares”, explica su presidenta, Inmaculada Sanfeliu.
En esa línea, el CGC considera oportuna la apuesta de Intercitrus por el IVIA, un centro con “capacidad científica excepcional y diferencial en Europa en mejora genética, fisiología y adaptación de los cítricos”, valora Sanfeliu, y con un gran conocimiento en sanidad vegetal, en especial en gestión integrada de plagas y control de invasoras como los vectores del HLB. La extensión de norma de la interprofesional, aplicada desde mediados de la pasada campaña y que ya recauda dinero del sector, prevé dedicar entre el 15% y el 20% de su presupuesto de los próximos cinco años a la investigación que el IVIA ya realiza contra esta enfermedad. En concreto, se quiere financiar la obtención de nuevas variedades y patrones que muestren resistencia o tolerancia a la bacteria.
Igualmente “oportuna” juzga el CGC la acción que promoverá Intercitrus para reforzar la detección precoz de los dos vectores y de la propia bacteria. La interprofesional suscribirá en breve con los responsables autonómicos de sanidad vegetal de Andalucía, Murcia, la Comunidad Valenciana y Cataluña sendos acuerdos para ampliar los puntos de vigilancia fitosanitaria, los enclaves en campo donde se ubican las trampas que detectan plagas y enfermedades.
Dispersión
La EFSA, la agencia europea oficial en materia de sanidad vegetal y seguridad alimentaria, distingue entre la dispersión activa ordinaria de D. citri, de cientos de metros a pocos kilómetros, y otra mucho mayor asistida por corrientes de aire. La localización de los tres hallazgos, en Israel, en Chipre y ahora en Rodas, lleva al CGC a plantear que el insecto haya sido impulsado por corrientes marítimas. Lo mismo podría ocurrir entre la isla y el litoral turco, mucho más cercano que en los anteriores “saltos”. La organización no descarta tampoco que Turquía, país tercero no obligado por la legislación europea en materia de sanidad vegetal, ya sufra la presencia de D. citri sin haberla detectado, y que desde allí hubiera pasado a la isla.
La fruta es, en segunda instancia, otro elemento portador del insecto, aunque la EFSA le atribuye una menor probabilidad de expandirlo con el tráfico comercial. Según la literatura científica recogida por la agencia, el principal riesgo, no solo de portar el insecto sino también la bacteria que causa la enfermedad, es el traslado de material vegetal, como varetas para injertos o ramitas de frutales, desde zonas afectadas por el insecto o, hipotéticamente, por la enfermedad.







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