El sector ganadero español ha reducido las emisiones de amoniaco un 2,3 % en 2024 respecto al año anterior, hasta acumular una disminución del 17,6 % desde 2005, año que se utiliza como referencia en la directiva de Techos Nacionales de Emisión, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Con este resultado, España ha cumplido por cuarto año consecutivo el compromiso de reducción fijado en la norma comunitaria.

Los datos, recogidos en el Sistema Español de Inventarios de Emisiones (SEI) y publicados en la edición 2026 del Inventario Nacional de Contaminantes Atmosféricos, correspondiente a la serie 1990-2024, sitúan la reducción alcanzada cuatro veces por encima de la exigida para cualquier año del periodo 2020-2030. El inventario incorpora además información sobre el balance de nitrógeno y la implantación de Mejores Técnicas Disponibles (MTD) en el sector porcino intensivo y en el avícola.
La mejora responde a una caída del 14,9 % en las emisiones derivadas de la gestión de estiércoles y del 2,1 % en la aplicación de fertilizantes orgánicos, un apartado que incluye también las emisiones del ganado en régimen de pastoreo. En conjunto, las emisiones de amoniaco en España se han reducido un 13 % entre 2005 y 2024.
Esta precisión en el cálculo se apoya en el sistema informatizado Ecogan, que recopila de forma individualizada la información que cada titular de granja comunica y que después notifican las comunidades autónomas al ministerio. Las mejoras introducidas en esta herramienta, unidas al esfuerzo de ganaderos y administraciones autonómicas, han permitido reportar al inventario nacional datos más precisos sobre las técnicas de reducción de emisiones aplicadas en toda España, lo que sitúa al país entre los que cuentan con sistemas de estimación de emisiones en granja más avanzados.
Los fertilizantes rompen la tendencia a la baja
El comportamiento ha sido distinto en el caso de los fertilizantes nitrogenados, cuyas emisiones repuntaron en 2024 por el mayor uso de estos productos, en particular de urea, respecto a los dos años anteriores. El repunte no compromete, según el Ministerio de Agricultura, el objetivo de reducir estas emisiones un 16 % en 2030 con respecto a 2005.
El consumo de fertilizantes está condicionado por su precio y por la meteorología, que determina el rendimiento esperado de los cultivos y, con ello, la cantidad de producto que se aplica a los suelos. El estallido de la guerra de Ucrania en 2022 disparó el precio de los fertilizantes, que se mantuvo en niveles elevados durante buena parte de 2023, año en que además la sequía redujo el desarrollo de los cultivos: la producción de cereales, por ejemplo, cayó un 44 % respecto a la media de años anteriores, hasta 11,2 millones de toneladas. Ambos factores contrajeron la demanda de fertilizantes y, con ella, sus emisiones asociadas.
En 2024, con una pluviometría más normal y unos precios ya estabilizados —aunque todavía por encima de los previos a la guerra—, las expectativas de producción mejoraron y el consumo de fertilizantes nitrogenados aumentó respecto a los dos ejercicios anteriores. La producción de cereales se recuperó de forma notable, superando los 20 millones de toneladas.






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