El número de ovejas en Aragón se ha reducido un 46% entre 1996 y 2023, reflejo de la pérdida progresiva de explotaciones y de las dificultades para garantizar el relevo generacional en el ovino de carne. Un estudio publicado en la revista científica Agricultural Systems desvela ahora las causas estructurales de este declive y concluye que el problema no es la renta de los ganaderos, sino las horas que dedican a su actividad.

El trabajo, elaborado por el grupo de investigación SISEC del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), el Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2) y la Universidad de Zaragoza, analiza la evolución del sector entre 2000 y 2022 mediante un modelo de dinámica de sistemas denominado SHEEPSES.
El modelo se construyó a partir del conocimiento experto del sector, con la participación de ganaderos, técnicos veterinarios e investigadores, e incorpora datos técnico-económicos, demográficos y ambientales procedentes de fuentes oficiales y contrastadas. Sus más de 150 variables permiten cuantificar la influencia de factores sociales, económicos y ambientales sobre la evolución del censo, las explotaciones y la renta ganadera.
Atrapados sin caer
Los resultados muestran que el sector no está en caída libre, aunque sí atrapado en una trampa estructural. Sin las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), el sistema ganadero extensivo de ovino en Aragón habría colapsado en torno a 2013, según el estudio.
Uno de los hallazgos más llamativos es que los ganaderos de ovino en Aragón generan más renta en términos absolutos que los trabajadores de otros sectores. Sin embargo, el sistema sigue perdiendo personas, ya que dedican muchas más horas a su actividad que las que exigen otros empleos.
Cuando la calidad de vida se mide en ingreso por hora trabajada, el sector sale perdiendo frente a la industria, la construcción o los servicios. Esa brecha, combinada con el estilo de vida que impone la ganadería extensiva, y no la renta en sí, es lo que frena el relevo generacional, un problema que ninguna política ha conseguido corregir hasta ahora.
El estudio, firmado por investigadores del CITA, el IA2, la Universidad de Zaragoza y la Universidad de Bergen (Noruega), presenta el modelo SHEEPSES como una herramienta para orientar el diseño de futuras políticas agrarias y territoriales que contribuyan a frenar el declive de una actividad clave para la economía rural y la gestión sostenible del territorio mediterráneo.






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