Las granjas porcinas intensivas podrán diseñar protocolos de bioseguridad personalizados para reducir el riesgo de entrada de enfermedades procedentes de fauna salvaje, particularmente la pesta porcina africana (PPA), gracias a un estudio coordinado por la Universitat de Lleida (UdL) y publicado en la revista Preventive Veterinary Medicine. El trabajo, realizado en colaboración con expertos de Castilla-La Mancha, Zaragoza, Huesca y Murcia, demuestra que el principal factor de riesgo es el movimiento de jabalíes alrededor de la explotación, cuya presencia depende tanto de las características del entorno como de la propia granja.

El protocolo, desarrollado en 40 explotaciones de tres regiones que concentran el 57,62% del censo porcino estatal, establece las bases para una guía que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación publicará próximamente. Según los investigadores, esta herramienta se aplicará especialmente a granjas ubicadas en zonas restringidas por PPA para evaluar su vulnerabilidad y diseñar medidas de protección adaptadas.
Fallos en la contención de fauna salvaje
El estudio revela brechas significativas en la bioseguridad de muchas granjas. Solo el 22,5% de las vallas perimetrales se consideraron impenetrables para el jabalí, y apenas un 45% de ellas se inspeccionaban a intervalos inferiores a 15 días. Más preocupante aún: la mitad de las puertas de acceso resultaron ineficaces para evitar la entrada de fauna salvaje, incluso cuando estaban cerradas.
Un descubrimiento importante del trabajo es la brecha entre percepción y realidad. Aunque el 45% de los ganaderos afirman no haber observado nunca jabalíes y solo el 47,5% declaran haberlos visto de forma muy esporádica, los investigadores encontraron pruebas de presencia de esta especie en el 47,5% de las auditorías. El comportamiento nocturno del jabalí y condiciones como la acumulación de barro alrededor de la instalación dificultan la detección directa. Cultivos próximos y balsas de purín accesibles, comunes en entornos ganaderos, son atractivos estacionales que aumentan el riesgo de contacto.
Fómites y formación, claves en la barrera interna
Las conclusiones del estudio subrayan otro vector crítico de transmisión: los objetos contaminados (fómites) como ruedas de vehículos, calzado y ropa del personal. Esto pone de manifiesto la necesidad de separación estricta entre zonas sucias y limpias en las entradas de las instalaciones, así como de rutinas robustas de higiene en el personal.
Los autores enfatizan que las campañas de sensibilización y programas de formación son esenciales para que ganaderos y trabajadores tomen conciencia de riesgos que pasan desapercebidos. La principal innovación del protocolo es que, a partir de datos específicos de cada explotación, se generan planes de bioseguridad priorizados según el riesgo real: refuerzo de cierres, rediseño de accesos, mejora de protocolos del personal. Aunque el trabajo se ha centrado en PPA, el protocolo es aplicable a otras enfermedades transmisibles entre especies.




Política de comentarios:
Tenemos tolerancia cero con el spam y con los comportamientos inapropiados. Agrodigital se reserva el derecho de eliminar sin previo aviso aquellos comentarios que no cumplan las normas que rigen esta sección.