El Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) ha elaborado la Guía de cultivos biofumigantes para control de patógenos en suelo de invernadero, una herramienta pensada para ayudar a técnicos y agricultores a seleccionar el cultivo biofumigante más adecuado y avanzar hacia sistemas de producción más sostenibles. La publicación se ha presentado en una jornada sobre salud del suelo celebrada en el centro IFAPA de La Mojonera, en Almería.

La guía recoge fichas de once cultivos biofumigantes adaptados a las condiciones de invernadero de Andalucía, con una descripción de cada especie, dosis de siembra, producción estimada de biomasa, calendario de implantación y eficacia frente a hongos o nematodos edáficos parásitos de plantas. Incluye también fotografías para facilitar la identificación de cada cultivo. Entre las especies analizadas figuran el clavel de la India, el clavel chino, la rúcula, el rábano forrajero, la mostaza blanca, la mostaza etíope, la mostaza parda, la colza, la crotalaria, el sorgo forrajero híbrido y el trigo sarraceno.
La herramienta se enmarca en el proyecto OPTIMSOIL del IFAPA, financiado con fondos europeos FEDER, cuyo objetivo es optimizar la biosolarización para mejorar la salud del suelo en cultivos hortícolas protegidos y al aire libre. La publicación detalla qué especies tienen efecto fungicida, cuáles tienen efecto nematicida y qué grado de sombra toleran, y puede descargarse gratuitamente en la Plataforma de Asesoramiento y Transferencia del Conocimiento Agrario y Pesquero de Andalucía (Servifapa).
La salud del suelo, clave frente a nematodos y hongos
La salud del suelo es uno de los pilares para garantizar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas, también en los invernaderos de zonas de clima mediterráneo, donde la intensidad productiva favorece la aparición y persistencia de nematodos y hongos fitopatógenos. Frente a este desafío, las especies de abono verde con capacidad biocida se consolidan como herramientas para fortalecer la resiliencia del agrosistema sin comprometer sus equilibrios.
Incorporadas al suelo en pretrasplante mediante biofumigación o biosolarización, estas plantas liberan compuestos naturales con actividad fungicida y nematicida, eficaces para reducir poblaciones de patógenos del suelo. Al mismo tiempo, aumentan el contenido de materia orgánica, mejoran la estructura del suelo y sus propiedades fertilizantes, y favorecen la microbiota edáfica. Antes de ser enterradas, muchas de estas especies favorecen también la fauna auxiliar y facilitan el control biológico por conservación, al crear microhábitats que sustentan depredadores, parasitoides y microorganismos beneficiosos.
La elección de un cultivo biofumigante adecuado resulta decisiva para asegurar su eficacia en campo. Para ello es necesario valorar características agronómicas como el tipo de sustancia biocida que liberan, su tolerancia a la sombra, la velocidad de desarrollo de la planta, la época de cultivo o la dosis de siembra, factores que determinan tanto su capacidad para reducir patógenos del suelo como los beneficios agronómicos que aportan al cultivo.
La incorporación de estos cultivos al manejo habitual del invernadero aporta beneficios como la mejora de la estructura y fertilidad del suelo, la reducción de la presión de plagas y enfermedades, y el avance hacia sistemas de producción más equilibrados. Su uso puede complementar estrategias de manejo integrado, reducir el consumo de fertilizantes y contribuir a una mayor eficiencia del sistema productivo. La guía, elaborada tras analizar la literatura científica y técnica actual y los resultados de los propios ensayos del instituto en Almería, se concibe como una herramienta introductoria para facilitar esta elección tanto a técnicos como a agricultores.







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