La expansión del maíz de segunda cosecha en Brasil ha transformado el mercado mundial, generando una presión competitiva inédita para los agricultores estadounidenses. Un reciente análisis comparativo realizado por la Universidad de Purdue revela cómo la estructura de costes de cada país determina su capacidad de resiliencia ante la actual caída de precios del cereal.

La rentabilidad de la producción de maíz en Estados Unidos y Brasil ha experimentado fuertes fluctuaciones entre 2020 y 2024, según los datos recopilados por la red internacional Agribenchmark. El estudio, que analiza explotaciones tipo en Iowa y Mato Grosso —dos de las principales regiones productoras a nivel global—, pone de manifiesto las marcadas diferencias en las estructuras de costes que definen la competitividad de ambas potencias agrarias. En conjunto, ambos países aglutinan el 43 % de la producción mundial y casi el 60 % de las exportaciones.
En el modelo productivo estadounidense, los costes indirectos representan la mayor carga financiera. Factores como la apreciación del valor de la tierra, la amortización de la maquinaria y los gastos operativos han encarecido la producción, que pasó de 160 dólares por tonelada en 2020 a 195 dólares en 2024. Estos costes fijos, de difícil ajuste cuando caen las cotizaciones internacionales, explican en gran medida la vulnerabilidad actual de las explotaciones norteamericanas.
Por el contrario, la estructura de costes en Brasil está dominada por los gastos directos, que suponen más del 50 % del total. La fuerte dependencia de los fertilizantes importados, especialmente de nitrógeno, provocó que los costes de producción en el país sudamericano se duplicaran en el periodo analizado, pasando de 69 a 147 dólares por tonelada. La depreciación del real brasileño frente al dólar añadió presión adicional a las cuentas de los productores.
El salvavidas agronómico del cultivo de rotación
Tras registrar beneficios récord en 2022 al calor de las altas cotizaciones en Chicago, ambas regiones entraron en pérdidas económicas en 2023 y 2024. Sin embargo, el impacto ha sido más severo en Iowa que en Mato Grosso. La clave de esta mayor resistencia brasileña radica en el sistema de segunda cosecha, sembrada inmediatamente después de la soja. Esta práctica permite a los agricultores diluir los costes fijos de la tierra y la maquinaria entre dos cultivos en un mismo año agrícola.
A pesar de la ventaja competitiva que otorga esta reducción de costes totales, el sistema brasileño asume mayores riesgos agronómicos por su estricta dependencia de las lluvias estacionales tras la recolección de la soja. El informe concluye que Estados Unidos mantiene intacta su ventaja en términos de productividad, logrando rendimientos que duplican a los de Brasil gracias a décadas de especialización, aunque el modelo sudamericano ha demostrado una mayor flexibilidad financiera frente a las crisis de mercado.





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