Canadá adoptó oficialmente la semana pasada como un estándar nacional,
sus normas de etiquetado de productos que contengan productos derivados de la ingeniería genética (OMG).
En Canadá, al contrario que en la Unión Europea donde el etiquetado es positivo y obligatorio, el etiquetado es negativo y voluntario. Es decir, no hay obligación de etiquetar los alimentos que contengan OMG, sino que se puede etiquetar si se desea los alimentos que no contengan OMG, de acuerdo con ciertas normas.
De esta forma se garantiza igualmente la libertad de elección del consumidor, pero con un coste mucho menor para la cadena alimentaria y sin crear confusión en los consumidores.






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