La Política Agrícola Común (PAC) sigue siendo el gran motor financiero del campo europeo. Para entender a dónde va exactamente cada euro, hemos acudido al Reglamento (UE) 2021/2115, la norma que rige los actuales Planes Estratégicos nacionales. La financiación comunitaria se articula principalmente a través de dos grandes vías: el FEAGA, para pagos directos a agricultores e intervenciones sectoriales, y el Feader, enfocado en el desarrollo rural.
Sumando las asignaciones fijas que el documento otorga a cada país en sus diferentes anexos (pagos directos, desarrollo rural, vino, apicultura, lúpulo y aceite de oliva), hemos elaborado el ranking de los mayores receptores. Cabe destacar de antemano que esta es una «foto estructural» de los fondos preasignados cerrados; como veremos al final de este análisis, la cifra real que llega al sector es todavía mayor, ya que esta tabla inicial deja fuera inyecciones de fondos variables e ilimitados (como el éxito comercial de las frutas y hortalizas) o mecanismos específicos para los territorios insulares.
El «Club del 51 %»
A sabiendas de que partimos de un presupuesto base preasignado de más de 260.000 millones de euros fijos para el ciclo de cinco años, los datos revelan una concentración abrumadora: solo cuatro países aglutinan más de la mitad de todos los fondos estructurales de la PAC.
- Francia (17,33 %): Sigue siendo el gigante indiscutible del campo europeo, con una asignación base de más de 45.100 millones de euros para los cinco años.
- España (11,87 %): Se consolida en la segunda posición estructural con cerca de 30.900 millones de euros preasignados.
- Alemania (11,62 %): Le pisa los talones a España, superando los 30.200 millones de euros de asignación fija.
- Italia (10,26 %): Cierra el club de los cuatro grandes, rozando los 26.700 millones de euros.
Detrás de este póker de potencias tradicionales, el análisis de la tabla muestra el consolidado poder del Este. Polonia ocupa un sólido quinto lugar absorbiendo el 8,60 % de los fondos (más de 22.300 millones de euros), seguida de Rumanía, que representa el 5,79 % del total (15.077 millones de euros).
En el otro extremo de la balanza, economías con menor superficie agraria o realidades geográficas muy distintas reciben porcentajes testimoniales del fondo fijo: Chipre (0,15 %), Luxemburgo (0,09 %) y Malta (0,05 %).
Aquí tienes la tabla ordenada con los totales base preasignados para el período 2023-2027 y el porcentaje que representan sobre el total:
Presupuesto PAC 2023–2027 por Estado Miembro
Presupuesto base en miles de millones €
La «letra pequeña» del reparto: lo que la tabla no cuenta
Aunque los porcentajes anteriores reflejan a la perfección el peso político y territorial de cada Estado miembro, para tener la imagen completa de las finanzas agrarias europeas debemos enumerar de forma resumida las limitaciones de este análisis:
- El espejismo temporal: Este Reglamento se aplica de forma estricta al período comprendido entre el 1 de enero de 2023 y el 31 de diciembre de 2027. Quedan fuera de nuestro cálculo los años de transición 2021 y 2022 del presupuesto general europeo.
- El grifo abierto de las frutas y hortalizas: El reglamento dicta que «no debe aplicarse ninguna limitación financiera al sector de las frutas y hortalizas». Toda la financiación para las organizaciones de productores en este sector se basa en un porcentaje del valor de su producción comercializada, por lo que supone una lluvia viva de millones anuales que no se puede encorsetar en las tablas fijas del documento.
- El factor insular: Si buscamos las ayudas a las Islas Canarias o a los territorios de ultramar franceses, no están aquí, ya que el capítulo de pagos directos excluye explícitamente a estas regiones ultraperiféricas, regidas por sus propias normas.
- Flexibilidad y cofinanciación: El desarrollo rural exige cofinanciación, por lo que los Estados miembros deben añadir fondos propios al dinero que aporta la Unión. Además, los países tienen la opción de transferir hasta el 25 % de su dotación de pagos directos al fondo de desarrollo rural, o viceversa, lo que alterará las sumas en la ejecución final.
La arquitectura legal de la UE no miente sobre las proporciones de poder estructural, demostrando que el eje franco-ibérico-alemán sigue sosteniendo los cimientos de la Política Agrícola Común. Sin embargo, factores como el músculo exportador hortofrutícola nacional o la financiación nacional añadida terminarán engordando y matizando las cifras definitivas que llegarán a los bolsillos de los agricultores de cada país.






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