Las intensas lluvias que han marcado el inicio de este año en casi todo el país están creando un escenario muy particular para la nueva campaña de forrajes. La humedad persistente en el terreno hará que se retrase la entrada de la maquinaria en las fincas, por lo que la hierba seguirá creciendo rápidamente cuando aumenten las temperaturas. Este desfase entre el crecimiento del cultivo y el momento de la cosecha tendrá consecuencias claras: forrajes más maduros, más fibrosos y con una digestibilidad reducida, lo que complicará la obtención de un ensilado de calidad. Esto es un reto tanto para la fermentación como para el rendimiento animal.

En este contexto, será clave anticiparse y apoyarse en soluciones microbianas que ayuden a optimizar la fermentación y mejorar el valor alimentario del ensilado con el fin de minimizar pérdidas y mantener la calidad nutritiva del forraje.
El impacto sobre la fermentación del ensilado
La conservación del ensilado se basa en la producción de ácido láctico. Para producir ácido láctico, las bacterias lácticas necesitan alimento como puede ser los azúcares simples (también llamados carbohidratos solubles en agua, CSA en el análisis de ensilado). Por ejemplo, un forraje más fibroso contiene menos azúcares y, por lo tanto las bacterias no podrán producir la cantidad de ácido láctico necesaria para conservar el ensilado.
Así pues, cuando estos azúcares escasean, aumentan de forma significativa los riesgos de fermentaciones lentas, de un pH insuficiente, de una mayor actividad proteolítica o de una mayor producción de efluentes.

Cómo actúan las enzimas en este escenario
Cuando hablamos de ensilados, es fundamental centrarse en dos familias de enzimas: celulasas (Beta-glucanasa) y hemicelulasas (xilanasa), presentes en inoculantes como la gama Magniva (Classic y Platinum 3). Estas enzimas tienen la capacidad de transformar una parte de la pared de la célula vegetal (celulosa/hemicelulosa) en azúcares simples (como glucosa) que pueden ser utilizados por las bacterias. Por lo tanto, entre sus beneficios destacamos:
1. Facilitar una fermentación más eficiente
Las celulasas y hemicelulasas rompen parcialmente la celulosa y hemicelulosa, liberando azúcares simples. Estos azúcares suplementan los carbohidratos solubles en agua naturales del cultivo, proporcionando más alimento para las bacterias lácticas y permitiendo una caída más rápida del pH, una mayor producción de ácido láctico, y una mejor estabilidad del proceso incluso con forrajes muy fibrosos.

2. Mejorar la digestibilidad del forraje
Aunque la microflora ruminal es capaz de digerir la celulosa, esta digestión requiere tiempo y nunca llega a ser el 100%.
El uso de la celulasa y hemicelulasa en ensilado implica una pre-digestión de parte de la celulosa, aumentando de esta forma la digestibilidad y con ello la energía disponible de este forraje.
En este sentido, diversas pruebas muestran que un incremento del 5% en la FND puede aumentar la ingestión de materia seca en 0,63 kg/día y la producción de leche en 0,9 kg/día. Asimismo, se observan incrementos de digestibilidad del +19% al +27% en comparación con forrajes sin tratamiento enzimático.

3. Reducir pérdidas por efluentes
Cuando el nivel de materia seca del ensilado es bajo, se liberan algunos efluentes durante el almacenamiento. Estos efluentes son ricos en nutrientes (como proteína) que se pierden fuera del silo.
Al “abrir” las paredes celulares, la celulasa y la hemicelulasa aumentan la superficie de absorción de la planta para absorber los efluentes. Por lo que se conservan más nutrientes en el silo y están disponibles para los animales.
Protege tu ensilado con inoculantes para forraje
Como hemos visto, todo indica que esta campaña tendremos forrajes más difíciles, con más fibra y menos digestibilidad. Esto puede significar un problema tanto para el rendimiento animal como para la rentabilidad de la granja. Sin embargo, gracias a soluciones basadas en la ciencia, podemos compensar estos desafíos.
Concretamente, las enzimas presentes en los inoculantes para forrajes de la gama Magniva permiten optimizar la fermentación incluso cuando la calidad inicial del forraje no es la ideal. Con ello, conseguiremos mejorar la digestibilidad y el valor energético del ensilado, reduciendo las pérdidas de nutrientes y asegurando un silo más estable y mejor conservado.
En un año en el que la climatología marcará diferencias, aplicar un inoculante o no hacerlo será decisivo para transformar un forraje fibroso en un ensilado de alto valor nutricional.



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