Viendo los últimos acontecimientos, me pregunto si los dirigentes que han iniciado las dos últimas guerras están en su sano juicio. Cómo se puede tomar una decisión que va a causar miles de muertos, millones y millones de pérdidas materiales, millones de personas desplazadas y muchas otras consecuencias absolutamente imprevisibles. Los que vivimos en la parte del mundo privilegiado también sufrimos las consecuencias. Pero antes de hablar de ello, no puedo olvidarme de todas las víctimas inocentes que van a sufrir de forma brutal e injustificada las consecuencias que unos locos se crean los dueños del mundo.

Pero como pasa en todos los conflictos, hay empresas que se hacen de oro. En este caso, las petroleras más importantes han ganado en 10 días más de 100.000 millones de dólares adicionales. En solo 10 días. Esto es obsceno. El gasóleo agrícola ha subido más de un 60% y los fertilizantes han aumentado más de un 30%. Un gasóleo y un fertilizante que llevaba comprado más de cuatro meses. Esto no obedece a ninguna lógica de mercado, esto se llama especulación pura y dura. Esta situación llega al sector agrario en el peor momento. Ahora en primavera es cuando más fertilizante nitrogenado necesitamos y más gasóleo gastamos. Muchos cultivos se van a ver incrementados sus costes de producción cerca de un 40%. Si a esto le sumamos los precios actuales de los productos agrarios, sencillamente las cuentas no cuadran por ningún lado. La especulación tan brutal que estamos sufriendo en los últimos días tiene nombres y apellidos. Son unos sinvergüenzas, pero lo son porque la normativa vigente se lo permite. Porque el libre mercado es un cuento que nadie se lo cree. Que cuatro empresas se ponen de acuerdo, pactan precios y se hacen de oro a costa de los que trabajamos todos los días y muchas horas.
Es muy urgente disponer de una ley anti-especulación que impida estas situaciones. Que tenga un carácter disuasorio. Que las sanciones sean tan contundentes y tan rápidas que no les salga rentable cometer estos abusos tan flagrantes. Como casi todas las cosas esto también es cuestión de voluntad política. Podemos quejarnos amargamente, pero si no planteamos soluciones nos seguiremos quejando toda la vida. Esta ley es urgente, es necesaria y debería ser aprobada por unanimidad de todo el arco parlamentario. ¿No sé si estoy pidiendo demasiado? Que nuestros representantes políticos dejen de un lado sus intereses partidistas y hagan algo en favor de la gente. Tendrán que elegir entre regular que en ciertas ocasiones el interés general está por encima del interés particular o dejar que las grandes empresas se hagan de oro a costa de arruinar a todo un sector. Este debate siempre es recurrente en momentos de crisis. Pero es tan sencillo como que el mercado tiene que tener normas y el interés general está por encima del particular.
Al final, como agricultores y ganaderos queremos vivir dignamente de nuestro trabajo. Queremos normativas que nos protejan de la especulación y de los abusos. Producir alimentos sanos a precios asequibles. Ahora solo necesitamos políticas valientes que sean capaces de hacer leyes para conseguir estos objetivos. Por nuestra parte seguiremos apretando en las mesas de negociación y en las calles.






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