¿Para qué sirven las rayas de las cebras? ¿Para camuflarse? En la sabana no abunda precisamente el blanco y negro, así que no parece que vayan por ahí los tiros. La explicación que más terreno ha ido ganando es otra: que el rayado dificulta el aterrizaje de insectos y reduce el tiempo que pasan posados sobre el animal.

Con ese punto de partida, un grupo de investigadores japoneses decidió llevar la “idea cebra” a un entorno mucho más cercano a la ganadería y probar qué ocurre si se llega a disfrazar a las vacas de cebra. La pregunta era directa: si el patrón ayuda a las cebras frente a insectos que pican, ¿podría tener un efecto similar en vacuno en pastoreo?
El ensayo se realizó con seis vacas Japanese Black, de capa negra, y comparó tres situaciones en días alternos: animales pintados con rayas blanco-negras tipo cebra, animales pintados con rayas solo negras (para separar el posible efecto de la pintura del efecto del patrón) y animales sin pintar. Para medirlo, se tomaron fotografías y se contaron las moscas posadas en el cuerpo y en las patas, además de anotar conductas defensivas como coletazos, golpes de pata o sacudidas.
Los recuentos apuntaron a una diferencia clara a favor del patrón cebra. Las vacas rayadas registraron casi la mitad de moscas que cuando estaban sin pintar y también por debajo del grupo con rayas negras. En promedio, se observaron 40,2 moscas en las patas y 15,3 en el cuerpo en el grupo “cebra”, frente a 86,7 y 42,1, respectivamente, en el grupo sin pintar.
La menor presencia de insectos también se reflejó en el comportamiento. Las vacas con patrón cebra realizaron 39,8 acciones de ahuyentamiento por cada 30 minutos, frente a 53,0 en el grupo sin pintar y 54,4 en el grupo con rayas negras, lo que sugiere una reducción de la molestia asociada a las picaduras.
En el entorno del pasto, los investigadores capturaron sobre todo mosca de los establos (Stomoxys calcitrans) y mosca de los cuernos (Haematobia irritans), dos especies ligadas a estrés, pérdida de bienestar y efectos productivos en vacuno. El patrón se dibujó a mano con franjas de unos 4–5 cm usando pintura al agua comercial, con una aplicación diaria que llevaba alrededor de cinco minutos por animal, un detalle que los autores subrayaron como limitación: para un uso real, harían falta técnicas que mantengan el rayado durante toda la temporada de moscas sin repintados constantes.
La investigación se publicó en la revista científica PLOS ONE y con el tiempo se convirtió en una de esas historias que resurgen por su componente llamativo: el trabajo recibió un Ig Nobel, premios que reconocen estudios reales con un enfoque especialmente curioso.




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