Hace un par de semanas escribí sobre la cadena alimentaria y en especial, sobre un informe redactado por un prestigioso economista por encargo de la confederación de empresas de alimentación de Andalucia y que con tanto empeño divulgó, a los cuatro vientos, la poderosa patronal de la distribución, ASEDAS.

Dicho informe, en la humilde opinión del juntaletras que firma esta filípica semanal, tenía un único pero eficaz objetivo, demostrar que del campo a la mesa, obviamente, hay muchas fases, tareas, empresas y empleados que, como es lógico, también tienen sus costes, que estos sí que deben ser cubiertos por el precio obtenido, y de paso, eliminar todo halo de culpabilidad sobre las cadenas de distribución que, al parecer, se ven señaladas por la población como verdaderos culpables de la carestía de los alimentos.
En Euskadi, andamos en lo mismo, pero con objetivo diferente. Queremos más información, más datos y mayor transparencia en todas las fases y en todas las transacciones comerciales que se producen entre todos los eslabones de la cadena alimentaria. Nuestro objetivo, por otra parte, no es exculpar a nadie, si no dar luz a la cadena y paralelamente, dotar al consumidor de una información valiosísima para conocer mejor el funcionamiento de la cadena y para que sea consciente de dónde se queda el valor generado a lo largo de la cadena y si ese valor se reparte de una forma equilibrada o de una forma totalmente desequilibrada.
Aquí, hasta ahora, hemos estado centrados en los costes de producción del sector productor, tanto es así que conocemos al dedillo cuales son los gastos del productor bien sea en pienso, fertilizantes, energía, mano de obra, etc., eso que llamamos los costes totales pagados como lo que denominan costes totales de oportunidad donde se incluyen, hasta ahora, aspectos como la mano de obra propia y el coste de oportunidad tanto de la tierra como del capital. Les adelanto que, en estos tres últimos conceptos, lo realmente importante es la mano de obra propia, tanto por que es de justicia que se contabilice un salario para el productor-trabajador-empresario como por la importancia económica del concepto, mientras los otros dos conceptos son, en realidad, testimoniales.
Por aclarar, según tengo entendido, el coste de oportunidad de la tierra sería como calcular qué beneficios ha dejado de obtener un ganadero de vacuno, por ejemplo, si en vez de dedicar sus tierras a pradera para obtener hierba para sus vacas, lo dedicase a otra actividad, o dedicase su cuadra a guardar autocaravanas, que las hay, o como almacén de algún taller próximo. No es muy habitual, pero, haberlos haylos.
Ahora bien, dicho lo dicho, leo con suma atención la noticia que ha brotado esta semana donde la todopoderosa Iberdrola, entiendo que, ante el rechazo generalizados de los agricultores y pobladores del mundo rural ante sus planes de expansión de energías renovables, placas solares y aerogeneradores, con el ánimo de ganarse su apoyo y aminorar el rechazo, plantea a los propietarios de las tierras y vecinos de dichos pueblitos la posibilidad de invertir en dichos negocios y ser recompensados con unos beneficios, asegurados, que superan, por mucho, lo que obtienen con sus ahorros.
En este caso, y sigo con la hipótesis, el coste de oportunidad de la tierra de estos agricultores crecería exponencialmente puesto que sus tierras, produciendo cereal y/o uva, generarían unos ingresos bastante menores a los que esta gente recabaría si decidiesen aceptar la oferta de Iberdrola, y consiguientemente, esto afectaría al coste total de esos productores.
Veremos en que queda. Mientras tanto, me inquieta bastante más, las reticencias de algunas personas, con mucho poder, de limitar estos informes de costes al eslabón de los productores (mejorable, por otra parte) mientras, el eslabón de la industria y cooperativas transformadoras, así como el de la fase comercial con puntos de venta y cadenas de distribución, siguen bajo el manto de la oscuridad y, mucho me temo, haciendo lo que quieren.
Eso sí, todos debiéramos tener medianamente claro, que más allá de la durísima competencia entre empresas (como si los productores no la sufriesen), hacen y deshacen como quieren, hacen lo que quieren, por que alguien, adivinen, se lo tolera. Y ya saben, ante cualquier abuso, tolerancia cero.






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